Las dalmáticas: vestiduras de salvación, de oración y rectitud

Germán Martínez López-Mañas

A mi madre

Como ya sabréis, este año estamos de enhorabuena, porque gracias a la generosidad de la parroquia, y especialmente a la cabeza visible de nuestro Párroco-Consiliario, P. José Orozco —que dio la idea y la aportación económica—… ¡ESTRENAMOS DALMÁTICA! También hay que decir que la ejecución de la idea sería imposible sin el don divino de unas manos muy especiales. Hablo de mi madre Celia Castro, que siguiendo los patrones de la historia y la tradición ha confeccionado estas dalmáticas para dar solemnidad a nuestra Salida procesional.

Aunque en años anteriores dicho esplendor ha sido posible gracias otra vez a la «generosidad» de otra hermandad —la Borriquilla—, que prestó las suyas propias, este año aportamos en nuestras dalmáticas un estilo propio. Le imprimimos así carácter, seriedad, solemnidad, pero también cariño y color a nuestros acólitos ceriferarios, que en tan privilegiado lugar acompañan a nuestros Titulares, anunciando la inmediata llegada de Cristo vivo entre nubes de incienso, como si el paso surgiera del mismo cielo, mostrándonos la esperada llegada de Dios vivo en la Pascua.

Pero, para valorar este estreno, os invito a realizar un recorrido por el origen, simbolismo historia y demás detalles sobre la dalmática (para lo que me he documentado en Las Vestiduras Sagradas, de Brant; y en la Enciclopedia Religiosa, de Braun).

El nombre de DALMÁTICA viene del latín dalmatica vestis, es decir, «túnica o vestidura de Dalmacia». Los primeros cristianos la tomaron de los romanos, y estos del pueblo de los dálmatas (hoy países balcánicos), donde la vestían las personas de dignidad. La dalmática es la vestidura litúrgica exterior del diácono. Se utiliza en las misas solemnes, en las procesiones y bendiciones, excepto cuando estas procesiones y bendiciones tienen carácter del penitencial. Y es que desde los primeros tiempos la dalmática se ha considerado una vestimenta festiva. Aunque en Roma, y a lo largo de Italia, ofreció otra forma, en la actualidad la dalmática es como una capa con una apertura para la cabeza y dos partes cuadradas por la caída de la tela de los hombros sobre el brazo.

Su ornamentación distintiva consiste en dos anchas rayas verticales que corren desde el hombro al dobladillo y que se cruzan en la parte superior del vestido. El tejido fue en un principio el lino y mucho más tarde las telas de seda o lana, y a menudo las ricas estofas. En el siglo XV se le añadió el collarín, recuerdo del capuchón que tuvieron algunas dalmáticas antiguas.

Precisamente si nos ceñimos a su historia, la dalmática se introdujo a principios del siglo IV, y su uso se generalizó como vestidura distintiva del diácono, que se reviste con ella al ser ordenado por el obispo. A partir del siglo IX, su uso se fue generalizando también entre el propio papa, los obispos y cardenales. Nunca, sin embargo, en días penitenciales, según costumbre romana que fue extendiéndose.

En su forma original —que podemos observar en mosaicos y frescos pre-carolingios de los siglos V a VII—, la dalmática era una ancha túnica que llegaba hasta los pies y con mangas muy grandes. A partir del siglo IX en el norte, y desde el siglo XII en Italia, la vestidura comienza a acortarse y las mangas a estrecharse, por lo que las aberturas laterales se sustituyen por cortes laterales. Y ya entre el siglo XIV y el XVII llegó a medir poco más de un metro, y sus lados eran ya generalmente abiertos.

En cuanto a su color, hasta el siglo X la dalmática era siempre blanca, y sus rayas de color púrpura o rojo oscuro. Pero a partir de entonces se encuentran más a menudo dalmáticas de color, sobre todo fuera de Italia, y en el siglo XIII se reguló el uso litúrgico de tales colores. De vez en cuando la dalmática estaba completamente cubierta con imágenes bordadas, uso que se fue generalizando.

Espero que con esta modesta contribución valoremos más nuestras preciadas dalmáticas, y que estas llenen de festividad nuestro transcurrir por las calles de Granada. Este es el verdadero sentido de su uso: pintar de color y solemnidad la llegada de la Vida eterna.

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