Buenos tiempos (XXV aniversario del cuerpo de costaleros de Cristo Resucitado)

José Ángel Sabador Manzano

A Isabel, siempre en el recuerdo

Tras veinticinco años, son muchos las cosas que han cambiado en la cuadrilla de costaleros, no puede ser de otra forma: quién o qué no ha cambiado en tantos años. El paso del tiempo, inevitable, nos ha endurecido el rostro, nos lo ha surcado con alguna arruga y hay veces que nos cuesta más alargar una sonrisa ante ciertas situaciones, quizá porque la inconsciencia de los pocos años ya quedó atrás.

No creo que me equivoque mucho en el cálculo, pero habrán sido más de un millar los niños que nos hicimos hombres y los hombres que blanquearon sus sienes bajo los faldones rojos y azules de nuestros Titulares.

Estas líneas no quieren ser más que eso, un homenaje, un recuerdo y un tributo a toda esa gente; ya que, tras la celebración del XXV Aniversario Fundacional de la Cofradía, vino la fundación de su Cuerpo de Hermanos-Costaleros (y me gusta resaltar ese término: hermanos), con el único propósito de que fueran los propios cofrades de la Hermandad los que portaran a su Titular. Como decía al comienzo, son muchos los cambios que se han producido en este puñado de años, unos más convulsos que otros —como en cualquier ámbito de la vida—; pero siempre se ha cumplido la misión con el objeto que se fundó: portar a Cristo Resucitado cada Domingo de Resurrección por un grupo de hermanos. Sería poco serio si no recordara que ese grupo unos años era más nutrido y otros años menos; y que en los años en que nos ha tocado estar más rato debajo, tener menos relevos y llegar al límite de nuestras fuerzas, la cuadrilla ha cumplido con su misión, un año más. Como cuando caían los zancos bajo el ‘chambao’ en Regina, la mezcla de alivio, cansancio, tristeza y lágrimas que nos embargaba rezando la última oración aún bajo los faldones, esa sensación de cuarenta almas escasas satisfechas por el deber cumplido y cuarenta cuerpos rotos por el esfuerzo realizado: porque, reconozcámoslo, nuestro paso nunca ha sido liviano, por más estudios, cambios y reorganizaciones realizadas.

Y ahora afrontamos la consolidación del último cambio. Ahora es tiempo de costales y parece que sí, que la cuadrilla deja atrás las dudas y tiene buena pinta. Ese cambio la ha zarandeado y coge el paso, cortito y de frente. Nadie puede recriminarnos que en veinticinco años siempre hemos intentado y hemos conseguido ir de frente. Si no, no estaríamos aquí.

Todavía podemos decir que sigue habiendo gente que ha sacado el paso todos y cada uno de los años de vida de la cuadrilla, que tenemos a hijos de costaleros que empezaron, hijos que han sacado el Resucitado con su padre, campanillos que ahora son costaleros... ¿Futuro? Seguiremos siendo hermanos todo el año y costaleros el Domingo de Resurrección.

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